Nunca un país ha salido de la pobreza dando limosnas a los pobres.
Seguir sumando beneficiarios a los programas asistencialistas no es un éxito. Es un fracaso, la prueba de que no se crea empleo, de que la gente a la que los políticos dicen servir, no puede valerse por sí misma, y necesita de la caridad mal entendida (que no de la justicia) que "conceden" los buscavotos.
Bajar los índices de hambre en el país a base de programas de asistencia es literalmente "pan para hoy y hambre para mañana".
Los problemas se arreglan por las causas, no por las consecuencias. Que los programas de alimentación escolar se mantengan en vacaciones nos dice dónde estamos. ¿Cuánto subsidio necesitarán esas generaciones: desayuno escolar, alimentación, bonoluz, bonogas, solidaridad etc...? Planes que deberían ser complemento de políticas para acompañar a las familias hacia su progreso. Pero los programas se convirten en la política y la política en una estratgeia electoral.
Estamos -un diciembre más- en la semana de la caja con la foto, la foto del abrazo, el abrazo con interés, el interés personal... una espiral que retrata un sistema político y jurídico que ya no da soluciones. La corrupción ya no es el problema, es la razón de ser del sistema, lo que realmente lo articula y sostiene.
Mientras los políticos sigan alegando que fueron elegidos para "hacer feliz a la familia dominicana" tendremos muchas nochebuenas de fundita, caja y limosna.
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